"Mi vida es una obra"

Hay personas que cuentan con la habilidad de encarar la vida con humor, en todo momento tienen la inventiva de una frase creativa que saca una carcajada a los demás. Gente con chispa, gente divertida, que parece estar siempre de buen humor y pese a los embates de la vida, le pone buena cara. Con estas cualidades podríamos describir a Miguel Ángel Casabona, más conocido como Raspia. 

Miguel se dedica a la albañilería, oficio que abraza desde su regreso de la colimba, fue futbolista, ostentando un título con Talleres como jugador y otro como integrante del cuerpo técnico, 1993 y 2010 respectivamente. Un callejón de Ballesteros lleva su apellido, callejón Casabona. “En esta zona vivían mis tíos y abuelos, todo esto era de los Casabona... después se loteó todo y le pusieron callejón Casabona”, rememora Miguel Ángel.

Miguel recuerda haber tenido una linda infancia, marcado por el sacrificio de sus padres para que no les faltara nada. “estuve hasta los 11 años en el campo, en la Rinconada, somos cinco hermanos. Humildad total, mi madre... yo hice séptimo grado, hice comunión, confirmación, todos los hermanos. Tenía dos padres ejemplares, mi viejo trabajaba como un loco, vendía arena y la canjeaba acá en el pueblo, siempre fue carrero, le gustaba andar con los caballos y los carros, y mi mamá era la que más iba al frente, quería hacernos estudiar a todos. Veníamos todos los días, de lunes a viernes a la escuela, los sábados a catecismo y el domingo a misa. Después quería que hiciéramos el secundario, yo empecé primer año, mi hermano también, pero nosotros ya veíamos que había que ayudar a los padres, había que salir a trabajar, yo empecé a trabajar de muy chico. Asique ya en segundo año, dijimos hay que salir a trabajar. La única que hizo el secundario completo fue mi hermana, la Cristina, que le bastó para que después sea empleada del banco, los demás somos dos albañiles y dos mecánicos, que están en la empresa Córdoba, el Petete y el Antonio, que ya está jubilado”. 

La chispa característica de Raspia, dice haberla heredado de su padre, con una sonrisa cómplice recuerda “siempre he sido positivo, como era mi padre, a él le gustaba contar cuentos, hacer reír a la gente, por más que hubiera algo, a la gente hay que hacerla sentir bien... como en el trabajo, yo a los chicos los trato bien y después ellos trabajan solos. Por eso quieren trabajar conmigo y eso a mí me pone contento”.

Miguel junto a su hermano, el Maestro, cuentan con varias obras importantes en su haber, tales como de la Biblioteca Municipal la sala velatoria de la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos Limitada, el local de “El Puerto” y el local de “Claro”, innumerables casas de familia y hasta casas de verano en Carlos Paz.

Previo a la albañilería llegaría el servicio militar, lo cual marcaría muy profundo la vida de Miguel Ángel. “Yo me vengo de baja el 16 de marzo, yo estaba trabajando ahí en el Julio Latino y tenía la radio, una mañana siento que el ejército argentino había tomado Malvinas y el regimiento 25 de infantería... uh, yo dije: mis amigos, donde estuve yo. Ahí empezó la preocupación, porque yo hace 15 días que estoy acá y supuestamente me van a llamar. Fueron días bravos, no era fácil, no sabíamos qué iba a pasar y no era fácil ir a una guerra. Si me tocaba, bueno ahí no se puede fallar, y también pensaba en mi padre, él sufrió mucho cuando yo estuve en Chubut, imagínate si me llevaban a la guerra”.

Pese a que finalmente no lo llamaron para participar de la guerra de Malvinas, para Miguel fue un echo que lo marcó hasta el día de hoy. El haber estado en el servicio militar hasta unos días antes, estar en la Patagonia, ver al regimiento dónde él estuvo entrando en combate hizo que estuviera pendiente y lo viviera muy de cerca, pese a la distancia. Y al respecto reflexiona: “No se si fue un premio o un castigo que no me llamaran”.

Desde su regreso a Ballesteros forjó su carrera como albañil, mientras que los fines de semana se calzaba los pantalones cortos para crear paredes y demoler rivales. 

Raspia y el Maestro, los hermanos Casabona trabajaron mucho tiempo juntos, de hecho, fue el Maestro el que le enseñó el oficio y le abrió la puerta para que Miguel comience a levantar paredes por su cuenta. Luego el tiempo, la cantidad de trabajo hizo que cada uno tomara caminos distintos, siempre edificando, construyendo, acompañando el desarrollo del pueblo. Hasta que tiempo después se volvieron a juntar, como dos grandes futbolistas que vuelven a vestir la camiseta del club de sus amores. Hace poco tiempo atrás, los hermanos Casabona, y un puñado de acompañantes reacondicionaron la vereda de la Municipalidad de Ballesteros.

Mi vida es una obra” dice Raspia, en cada obra forjó la amistad con sus pares, el respeto por quien confió en su trabajo, y el compromiso con la tarea bien hecha. Su vida es una obra que se sostiene con los pilares de la familia, la amistad, el trabajo y su pasión por el fútbol y el Club Atlético Talleres de Ballesteros. 



Autor:Juan Pablo Mangini

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